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lunes, 19 de agosto de 2013

La sombrilla de ruán

     Te duele esta ciudad porque la llevas dentro


     Si durante la mayoría de meses del año el capillita puede camuflarse en Cuaresma, Semana Santa, Rocío, Corpus, o vírgenes de mayo o junio, el mes de agosto deja al descubierto al más jartible. Y es que al más discreto de los cofrades se le puede ver en algún concierto veraniego de marchas, besamanos, rosarios vespertinos o algún traslado o salida en procesión que tiene de extraordinario lo ordinario y quizá inapropiado. 

     Porque bajo el sofoco de las blandas luces veraniegas, una ventana de bar rancio puede convertirse a palo seco en un momento oportunísimo para celebrar cabildo sin necesidad de quórum. La rumorología de foros y nicks con antifaces de cualquier color bien da para un par de cervezas. 

     Francisco Robles, profesor, articulista de ABC de Sevilla, director y presentador de programas en Tele Sevilla, coordinador de la revista Pasión en Sevilla y director del Aula de cultura del ABC de Sevilla, entre sus libros dedicados a su ciudad destaco hoy Sevilla en el espejo, una recopilación de reflejos de la ciudad recogidos bajo apariencia de artículos periodísticos. Una mirada, en ocasiones, mordaz y auténtica de las sombras de la ciudad y sus gentes. Al igual que Núñez de Herrera retrató en el prohibido libro Teoría y realidad de la Semana Santa las contradicciones de las cofradías y sus lindes en los años 20, Robles nos deja su colmillito en un artículo titulado “La sombrilla de ruán”

... agosto está dando las boqueás, dentro de nada vienen las pascuas,
y todo se acelera hasta que llega la entrada de la Soledad sin que nos demos cuenta

     Los cuatro bañistas del apoteosis agosteña están sentados alrededor de una mesita plegable junto a cuatro rubias, cuatro: la veneración por la Cruz del Campo llega al extremo de no ingerir otro líquido que no sea la cerveza que marca su identidad hispalense. Suena Soleá dame la mano en un radiocasé que fue adquirido en Ivarte allá por el siglo pasado (…) 

    Los cuatro rancios se explayan en la playa donde a estas horas de la mañana hay más sevillanos que en la Avenida de los Guiris, antes de la Constitución. 
(…) 

   Las cervezas se acompañan con ese manjar de tiesos que da nombre al individuo fatuo que presume de ser alguien y que en Sevilla se denomina con un vocablo musical que lo dice todo: papafrita. Los rancios de “la sombrilla de ruán”, tertulia cofradiera con estatutos en regla, están organizando una serie de actos que sirvan para rellenar el transito otoñal hasta los gozos presentidos de la Cuaresma. Conferencias, charlas, juegos de mesa perfumados por incienso, partidos de futbol sala, incluso un scalextrix cofrade con pasitos en vez de coches. 
(…) 

     Los cuatro cargos de la tertulia -presidente, vicepresidente, tesorero y secretario- no soportan la banalización de la Semana Santa en estos tiempos de consumismo cofradiero. Se consideran guardianes de la esencia de la fiesta. Por eso su sombrilla está fabricada con el tejido importado de la ciudad francesa de Rouen, que le da nombre al ruán. Por eso en el “radiocasé” de Ivarte no suena jamás una marcha que no sería, de corte fúnebre. Por eso el teléfono del presidente lleva el politono de las esquilas que porta el muñidor. Y por eso han convocado una reunión de urgencia para mañana, a las once y media en segunda convocatoria: tienen que nombrar al pregonero de la Ceniza, que esto ya está aquí y no hay tiempo que perder.

sábado, 23 de marzo de 2013

El primer día perdido

     Primero hizo Dios los cielos y la tierra pero la luz la hizo el domingo. Y la llamó día, y esa fue la mañana del primer día. A partir de entonces los días de la luz caen en domingo augurando horas de sol apresado. Y es que al cofrade le nace la vida el Domingo, empieza la semana más corta de un almanaque que marca en rojo una blancura líquida que trasciende su condición de color para convertirse en luz misma. 

     El espíritu, vestido ya con túnica de pasión, rememora la infancia a la vuelta de una ermita. Y aunque los claroscuros, silenciosos y esquivos, abrochándome la túnica parecen los mismos, no son más que reflejos de nuestro pasado. Y es que nuestro Tiempo nos ha alcanzado. Es inevitable la palma pálida abrazada a la reja del alma como manilla de un reloj que intenta detener los años inútilmente. Por eso el Domingo también es el primer día perdido. 

     J. Vicent, pseudónimo de José Laguillo Bonilla, firma un artículo excepcional fechado en 1943 y titulado Luminosidad del Domingo. Laguillo fue director del periódico El Liberal durante veintisiete años, perfecto conjugador de literatura y periodismo.





     La claridad gozosa lo inunda todo. Un amanecer purísimo anuncia el Domingo de Ramos. Y las almas, desde temprano, vislumbran otro claror. El deleite de una luminosidad interior. Un deleite sutilmente espiritual que, en igual medida, no puede hallarse en otros meridianos. Que es suyo, de Sevilla, y que perfuma nuestro horizonte íntimo; que insufla un ledo temblor de goce y un suave vapor de ensueño, que elévanos a la comprensión de un sereno y dulce sentir… Porque, digámoslo, Sevilla posee una gracia para ella exclusivamente guardada, un don genuino, testimonio vivaz, fulgente, de bendición celestial. 

     Y bajo esa gracia, las fiestas sacras han de ser aquí únicas, inigualables. Perpetuamente cristalizando fe popular, apoyando en el azul del cielo, siempre, la solidez de su rito espontáneo… 

     Ya se acercan los primeros cofrades.

miércoles, 27 de febrero de 2013

Estreno de la niñez

    De nuevo Ignacio Camacho y de nuevo volver a escribir para volver a vivir. Decía Machado que se canta lo que se pierde, y en ese lamento o canto se intenta recobrar aquello que se ha perdido. Si existe una finalidad de la Literatura por encima de las demás es la capacidad para eternizar aquello que se ha experimentado.

   Y es que la escritura eterniza lo perdurable, el momento justo de una entrada, una revirá emocionante, el beso de tu madre antes de salir por la puerta que te conduce al mundo perecedero. Ver al hijo vistiéndose de nazareno, como tú mismo hiciste, asegura la perdurabilidad de tu recuerdo y, por tanto, de ti mismo.

   De nuevo, el periodista se oculta bajo el TÚ del texto para intentar recuperar esa sensación de eternidad de la niñez, donde el niño, sin conciencia del paso del tiempo, se viste de nazareno. Este artículo, titulado Estreno, fue publicado en El Mundo en 1997.


Silencioso es el rito, no aprendido, / sino heredado, yéndole en la sangre (...)
(R.Montesinos) 

     Cuánto te gustaría ser como él. Dejarte vestir por la mañana, rodeado de los mimos y los besos que ahora le has prodigado recordando otras mañanas llenas de cariño que se pierden por los meandros de tu memoria. Vivir esos instantes trémulos de emoción y de nervios, cuando las manos maternales alisan la túnica y anudan los lazos de la capa blanca que le envuelve un cuerpo en el que apenas si le cabe el orgullo. 

     Ahora casi envidias ese momento liminal en que se contempla en el espejo con el gesto satisfecho y el porte altivo de su infinita coquetería infantil, cuando acaricia el capirote sobre la mesa del vestíbulo, cuando agarra tu mano para salir a la calle espesa ya de gente que mira con sonrisas su espléndida altivez y su formidable galantería de estreno. Y has recordado, como siempre, otras mañanas igual de limpias y azules que ésta, cuando eras tú el que caminaba de otra mano hacia la sombra agitada de una iglesia donde bullía escondido el runrún esplendoroso de la cofradía. 

     Cuánto te gustaría ser como él, de nuevo. Volver la cabeza para mirar bajo el antifaz el colorido de los globos, mover los pies al compás de la música cuya estridencia apagan las frondas del parque, girarte sin complejos para ver a tu espalda cómo se mecen las bambalinas plateadas del palio. Dejarte colocar ese imperdible que ella le pone ahora en una pausa de los costaleros, salirte de la fila para pedir un refresco y una golosina, sentir al mismo tiempo el cansancio y la fuerza para no dimitir de la experiencia, gozar a la vida plena de las inolvidables sensaciones de la primera vez. Porque ahora sabes que las primeras veces nunca se olvidan, y por eso al mirarle sientes muy fuerte la certidumbre de que estás dando vueltas a la rueda imparable del tiempo.

martes, 12 de febrero de 2013

Impaciencia de ceniza

     Para el periodista y Licenciado en Filología Hispánica Ignacio Camacho, la Semana Santa es un reflejo de nuestras pasiones que fluye en nuestras ensoñaciones, en nuestros sentimientos y en nuestra memoria. Es el tiempo detenido del niño sin conciencia del paso del tiempo, la luz de una Cuaresma ya únicamente perecedera para el cofrade de carne y ceniza. También lo es para mí.

     Es simplemente una búsqueda de instantes fugaces de belleza contenida, un cúmulo de emociones encontradas que explotan en cada geranio del recuerdo. La Semana Santa se dibuja en el espejo de nuestras retinas como reflejo de nuestras pasiones más ocultas. La realidad de la ciudad, en sus miserias y en sus grandezas, se prepara para vivir y morir de nuevo. Porque también la ciudad es polvo y en polvo se convertirá.

     En 1996, Camacho publica en El Mundo un hermosísimo artículo titulado "Impaciencia". En él, el autor se identifica con el niño que mira absorto una Fiesta que se convertirá en la lejanía de sus años adultos en un paraíso de globos y nazarenos.


Hemos vivido un mismo corazón durante largos meses...
     El sol que ha aparecido entre las nubes de la media tarde ha hecho brillar aún más los colores fulgurantes de los globos que distraen con un pálpito de seducción tu mirada infantil. Aún no alcanzas del todo a comprender la emoción interior con que tu padre se extasia ante los varales del palio; te atrae el misterio de la mriada oculta de los nazarenos, y acabas de perder la vergüenza y el miedo para acercarte a uno de ellos con la mano extendida y sentir en el caramelo que recibes el regocijo de la recompensa. Te fascina el fulgor de las cornetas, el penacho de los gorros de los músicos, y te fascina el orgullo marcial con que golpean los tambores que tanto te gustaría tocar a su lado. Y entonces has visto los globos, las caras abigarradas de los personajes de tus cuentos flotando a la brisa del atardecer, y en la frágil argamasa de tu memoria se ha amontonado el leve recuerdo de otras jornadas igualess: tus padres buscando la cercaría de los pasos, el bosque de piernas ocultando a tus ojos la inmediatez de un prodigio cuyos matices todavía se te escapan, el primer escalofrío del primer nazareno que un día vista tan cerca que te echaste a llorar. Todo se te ha fundido en el deseo apenas contenido que provocan los globos desafiando tu impaciencia, tu anhelo al fin colmado de sujetar el cable de uno de ellos en tu mano tibia, trémula de ansiedades y fantasía. Disfrútalo; apura esos instantes mágicos e irrepetibles que acaso algún día recuerdes desde los recovecos del sentimiento y la nostalgia.

miércoles, 30 de enero de 2013

El instante del cofrade

   En un pequeño instante reside la eternidad. Un beso a los pies de toda una vida detiene el tiempo en un momento. Un instante en la esquina de siempre es una realidad vivida mil veces, cada Semana Santa, situada en un espacio temporal concreto que finaliza cuando pasa la Virgen de la mesita de noche y que renace en el infinito de la memoria: Es el recuerdo de la madrugada que revive en la mente de Manuel Díez Crespo una vez que todo haya concluido. Entonces, cada cofrade será diferente. 

   Y es la nostalgia de este periodista del 27 al que los críticos no perdonan una obra tan extraordinaria como olvidada, y que no han querido desligar de los ideales políticos de su autor. 

   Existe un presente eterno que hace que las cosas siempre parezcan igual, pero ese no es nuestro tiempo. Los pies de nuestro Dios no tienen pasado y el reflejo de la candelería en la cara de la Madre de la Caridad no tiene futuro. Sólo presente. Dios es un eterno presente. 

   A nosotros, sin embargo, siempre nos persiguen los años. Por eso entendemos que cada Semana Santa nunca es igual, porque nosotros siempre somos diferentes. Y es que un año puede ser toda una vida. 

   La sección de Díez Crespo en ABC se titulaba «Diván Meridional» y sus artículos, poemas en prosa, gozan de una hondura portentosa. Se evoca lo ausente o lo lejano y para ello es imprescindible la memoria. Porque la memoria es cosa de poetas. El gran poeta Aquilino Duque se refiere a la prosa del periodista: no es una mera evocación superficial del pasado, sino una reflexión intemporal en la que pasado y futuro están contenidos en el presente. En 1983 aparece un artículo bellísimo titulado El instante y la eternidad y que se ha convertido en uno de las más hermosas evocaciones de una obra sin ley y sin memoria histórica. 


  Refiriéndose Azorín a Rubén Darío, argumentaba que dos cosas predominaban en las preocupaciones del poeta: el instante y la eternidad. Y esto es justamente lo que vemos como sustancia de la Semana Santa; lo que hace vivir en constante y fervorosa recreación a nuestro pueblo al ver cómo se nos escapa un suspiro por el más bello rincón, o como se esfuma entre la más bella luz la difícil salida de una cofradía. Y tras este suspiro o este misterio, un sueño divino hace que renazca en nuestra alma la imagen de aquel instante dentro de lo eterno. Y así se pasa la Semana Santa y así viene a nosotros s la Semana Santa, porque en el misterio de un instante vivimos la eternidad. (…)

  En nuestra Semana Santa está ese instante que nos hace llorar cuando nos va dejando en nuestra alma el más rico sabor de lo eterno. Y ¿cómo definir lo eterno? A uno se le ocurre ante un instante del paso de la Macarena, o de Pasión, a uno se le ocurre responder: la eternidad es un bello instante, siempre renovado en el infinito; una perfección que se nos muere y resurge como esas dos perfecciones que son la rosa y un paso de palio. (…) Y eso es nuestra eternidad y nuestro divino y sustancial instante.

jueves, 27 de diciembre de 2012

El discípulo amado de Laffón

el mundo es ancho y difuso, la vida es una semana

      Hace tiempo que le leí al periodista Ignacio Camacho que la Semana Santa estaba muy verbalizada, muy idealizada y que se alejaba considerablemente de una realidad que no resultaba ser la que cuentan libros, boletines, exaltaciones o pregones. La cotidianiedad de este tipo de actos ha desvirtuado en cierto modo la calidad de los trabajos y ha ensombrecido de igual manera la obra cofrade de poetas y autores incomensurables.

      Cuando Antonio Burgos se enteró del anuncio de Joaquín Caro Romero como pregonero de la Semana Santa de Sevilla del año 2000 su sorpresa fue mayúscula. Y se alegraba del nombramiento en uno de sus Redcuadros:

      El pregón de Sevilla es como una condecoración. Un honor cívico-religioso. (…) Me he alegrado del nombramiento de Joaquín Caro Romero porque dice mucho de las hermandades. Hace veinte años, hubiera sido poco menos que imposible que le encargaran el pregón a un premio Adonais. Y me sigue sorprendiendo que lo hayan nombrado (…) porque es hombre de mitologías clásicas, de poemas eróticos, de desesperanzas. De la verdad de la literatura, que suele ser una cosa muy distinta, si no opuesta, a las habituales falsías de las cofradías.

      Así que calculo que está aproximadamente a siete mil años (años luz, naturalmente) de las versificaciones al uso de los boletines de las hermandades, donde todo ripio tiene su asiento y donde todo abogado o médico se atreve con un soneto, que es como si pusiéramos a los poetas a operar apendicitis o a escriturar la compraventa de tres aranzadas de regadío en la Vega.

      Esa edición de 2000 asistió al prodigioso pregón de Caro Romero, una pieza extraordinaria, que considero no superada aún, y que, junto al pregón del mismo A.Burgos, representan la última sombra de la poesía cofrade de Rafael Laffón. Padrino y mecenas en su poesía primera, el magisterio del “Góngora sevillano” se hace patente en buena parte de su obra. Joaquín es el poeta de la promoción de los 50 y principios de los 60 que mayor grado de intimidad y espiritualidad ha tenido con el genial poeta, llegando a ocupar, incluso, su plaza de académico en la Real Academia Sevillana de Buenas Letras.

      En ambas obras se descubre cómo la realidad de la calle se mezcla con la voz interior del poeta, un voz que traspasa el tiempo y que idealiza a la ciudad y a la fiesta en su memoria. Una saeta de luz fría que llega a los mismos posos del alma del niño que fuimos y que recorre una obra y un pregón que mezcla al más puro estilo barman lo culto y lo popular, que no lo populachero.

Igual que ayer permacece.
Sale poco de su casa.
Mas cuando sale traspasa
la muralla y la florece.
Tan adornada, parece
una novia en el balcón.
Su cara y sus manos son
del pueblo los aledaños.
Siempre alivia desengaños
esta moza de San Gil,
que dicen que por abril
cumple diecinueve años.



He dicho asombro donde otros dicen costumbre (Borges)  
Foto: Leopoldo Almisas

      Definitivamente creo que el último gran pregón de la Semana Santa fue el de Caro Romero aunque sus mejores textos no están contenidos en él. Suele ocurrir. Lo que sí es cierto es que esa mañana no sólo subió al atril Joaquín, también lo hizo su maestro. Nuestro admirado Laffón pudo decirle al discípulo amado con el descanso que otorga sentirse en lo cierto: “Sevilla, ahí tienes un poeta. Poeta, ahí tienes a Sevilla”

      El siguiente texto pertenece al poema “Niñez de túnica blanca” y alguna de sus estrofas las utilizó el autor en su pregón. Una voz interior y mística que espera el encuentro con el Santísimo Cristo del Amor al que le pregunta directamente si es el mismo que horas antes montaba sobre un pollino. Un Domingo de Ramos que se espera con ansia durante todo un año y que no quiere que llegue porque supone el inicio del fin, el de la Semana Santa y el de su propia vida. La altura lírica de este autor en algunos de sus textos sólo es comparable a esa prole creadora de la década de los 20, la edad de oro de la literatura cofrade.

I

Entre olivos y trompetas
fui enterrando la memoria
de los Ramos de una historia
de Domingos con saetas.
Los años son…papeletas
de sitio, perdido bien…
Una voz me dice: “Ven
que ha vuelto la Primavera”.
Y yo sé lo que me espera
si llego a Jerusalén.
(…)

II

Amor, ¿eres o no eres
el que he visto por la tarde,
cuando la cera no arde
y el Sol va donde Tú quieres?
Amor que en el tiempo hieres
el corazón con que amamos.
Son tantos, tantos los tramos
del hombre al niño que fui,
que estoy más cerca de Ti
cada Domingo de Ramos.

sábado, 8 de diciembre de 2012

Teoría y realidad de nuestra Semana Santa

   Bien pudiera hoy asomar su ojo crítico Antonio Núñez de Herrera a la realidad de nuestra Semana Santa y sus lindes para advertir que esas mismas contradicciones de la Sevilla republicana, mística y extasiada con el vino de las tabernas le daría para escribir otro libro. Un análisis excepcional en el que retrató con sobriedad y colmillo la compleja realidad de una fiesta que se vive durante algo más de siete días. 

   Perteneciente a la revista Mediodía fue un activo militante de izquierdas que entendía perfectamente que cada cofrade tiene y siente su propia Semana Santa. Al igual que sus compañeros de generación, y aquí viene lo maravilloso, sentía un sincero respeto por lo sagrado. Ofrece una visión auténtica y universal de esta celebración y huye de tópicos que maltratan la imagen de cofrades y cofradías. 

   Semana Santa: Teoría y Realidad se publicó en 1934, es una obra fundamental, uno de los mejores manuales del idealismo literario cofrade y un libro que no ha caducado a pesar de la censura político-eclesiástica que lo tuvo oculto casi cincuenta años. 

     Es absolutamente magnífico el tratamiento que hace el autor de un concepto difícil de manejar: el Tiempo lírico. La ciudad tiene su propio Tiempo, creado sólo para ella, detenido en el recuerdo de un cofrade que este año ya no es el mismo que el del año pasado. Por eso la Semana Santa no tiene pasado, es únicamente la vivencia del instante: La Semana Santa no había existido nunca. Es cierto que se celebró otros años. Pero auténtica existencia no tiene hasta este Domingo de Ramos. Las otras Semanas Santas pertenecen a la Historia, es decir, al recuerdo. Y toda memoria se va, desaparece con su caudal de tiempos y acontecimientos, ante el hecho sencillo de salir los nazarenos a la calle

     En estos tiempos en los que la opinión de cada cofrade es sacratísima, se desprecian libros que no se han leído y se obvia la opinión de verdaderos profesionales. En estos tiempos en los que de la teoría a la realidad de nuestra Semana Santa va un trecho, Núñez de Herrera tendría mucho e interesante material con el que reeditar y ampliar su obra. Hoy os dejo, en mi modesta opinión, uno de los mejores textos cofrades escritos hasta la fecha. Se titula “Conjunción del sentimiento y del paisaje”.

Abres las ventanas de tu casa
por las calles inundadas
de besos que te esperan.

     La ciudad tiene lugares y ocasiones. El buen saboreador conoce bien sobre qué confluencias florecen las maravillas y cuándo es la sazón y madurez de lo magnífico. Sabe con qué luna rebrotan ciertas calles recoletas y cuándo el olor de azahar es un vino como otro cualquiera y en qué madrugadas la Giralda es no sólo la mejor torre, sino la mejor mujer del horizonte. 

     La ciudad es en cierto modo un sistema de conjunciones. En la Semana Santa, por ejemplo, se da siempre entre el alma y el tiempo y el espacio, entre la hora, el sentimiento y la arquitectura, una organización de ecuaciones que únicamente para determinadas circunstancias toman valor concreto y solución exacta. 

     Hay esquinas que son el mejor párpado de la sorpresa y plazuelas donde es posible oír saetas mal entonadas. Existen horas en la noche para que gorjeen canarios de oro fino en la selva de molduras de los pasos, y luces frías, humedecidas por el río de la tarde, que alumbran sólo para esmerilar la agonía que vidria los ojos del Cachorro. Hay una geografía de la Semana Santa y es necesario un reloj que marque el momento astronómico en que la cal y las ventanas deberán ser complementos plásticos para la opulencia de las procesiones en la calle. 

     La Semana Santa es principalmente espuma de concordancias. Los elementos simples navegan sujetos siempre y orientados a la conjunción que los acople. La voz del capataz deberá sonar de una manera especial en esta plaza. El anochecer tendrá unas luces determinadas y habrá un balcón que será greca provisional en la arquitectura total que levantan el aire, la hora, el gentío, la casa del fondo, el paso, el color de las túnicas y el cielo, el redoble de los tambores, la luz de los cirios y la frase esa que se tiene que oír forzosamente para que se compongan, abrochen y reaccionen esos materiales en un solo edificio de milagro. Y lo que falte lo suplirá el espíritu. 

     Llamas violentas volvieron una vez pavesa de recuerdos la Virgen de la Hiniesta. Pero todavía hay unas calles y unas horas que le pertenecen. Y todos los años hay que estar allí y en el minuto exacto cerrar los ojos para verla pasar recompuesta por las potencias del alma. Sobre la calle y el instante la Virgen de la Hiniesta aquí otra vez. Por memoria, entendimiento y voluntad. Y luego echarle olvido a ese rencor sin norte que da portazos por la calle solitaria. Salía de San Julián a las siete de la tarde.

miércoles, 31 de octubre de 2012

LA GLORIA DEL COFRADE

     Amanece noviembre preñado de luces blandas, pesante en el recuerdo y en el agrio que da las distancias. La ciudad y el espíritu empiezan a gozar de un tiempo henchido de una rotunda y suprema simplicidad. Y junto al primer abrigo aparece un autor interesantísimo llamado Manuel Chaves Nogales, periodista y escritor sevillano de principios del siglo XX y miembro del grupo de Mediodía. Destaco entre sus obras La Ciudad (1921) y una serie de artículos sobre la Semana Santa publicados en Ahora durante 1935.

     La Ciudad es uno de los referentes de la literatura y el periodismo español. Para los estudiosos esta obra, junto con algunos textos de Núñez de Herrera en su Semana Santa teoría y realidad, es un manual del idealismo literario y un libro al que acudimos frecuentemente cuando intentamos contextualizar sentimiento y paisaje. El idealismo de Chaves Nogales reduce el universo cofrade a una actividad del espíritu y se contrapone, en parte, al realismo de principios del siglo pasado, quizás como augurio del exilio francés que sufrió el periodista casi veinte años después.

     En 1922 se trasladó a Madrid en busca de unas oportunidades que la vida le concedió, se convirtió en redactor jefe de El Heraldo y ganó, en 1927, el premio más prestigioso del periodismo español, el “Mariano de Cavia”. A punto de estallar la guerra civil y, a pesar de ser considerado referencia periodística republicana, escribe el artículo que viene en este día en el que los cofrades tenemos más presentes que nunca a esos hermanos que lo fueron todo en la cofradía y que se marcharon, debidamente, con su túnica puesta. Se titula “La gloria del cofrade”.


El dolor va sin adorno
por el sepulcro de un día
en que la soledad empredía
                                  un viaje sin retorno                (Jarevalo)


           Cuando la procesión termina y la Virgen vuelve a su capilla, es ritual que los cofrades, antes de quitarse la túnica que ya no vestirán de nuevo hasta el año siguiente, se reúnan en torno a la imagen y, rodilla en tierra, recen una Salve a la Virgen. Después de la Salve, el mayordomo ordena que se retiren del paso los ramos de flores y los reparte entre los hermanos. Los mejores ramos son para los hermanos muertos.

            Al día siguiente de la procesión, el mismo Hno Mayor anda por los senderillos floridos de aquel alegre cementerio de Sevilla buscando las tumbas olvidadas de los cofrades para dejar sobre ellas los mejores claveles de la Virgen. Estas flores frescas son toda la gloria que aguarda a los cofrades, esos hombres humildes de las barreduelas sevillanas, sencillos menestrales o ingeniosos artífices que se pasaron la vida trabajando en su tallercito y se murieron con la única ambición de añadir unos hilillos de oro o unas libras de cera o plata al tesoro de su Hermandad.




viernes, 14 de septiembre de 2012

La blancura lírica de Juan Sierra

     En el sentimiento más rotundo que nace del espíritu puro y limpio del verso de Sierra se halla la luz de una realidad atemporal , a veces almendra de dorada alegría; otras, belleza quebrada de reflejos.

     Las décimas de este autor a la Virgen María (compendiadas en María Santísima) representan su grito más puro y más lácteo. Todo el brillo de la claridad del cielo de la ciudad, de la inocencia de la nueva primavera acogen en su seno de madre todo el dolor henchido de la Virgen.

     Sus pasiones más íntimas vienen representadas por metáforas e imágenes surrealistas, siendo, en ocasiones, verdaderamente complicado establecer unas y otras. Su dominio de la métrica es magistral.

     He escogido una de sus composiciones más interesantes, la dedicada a la Virgen del Valle. Destacan también los dedicados a la Virgen Macarena o a la Virgen del Rosario de la Hermandad de Montesión.



Tras el Viernes derramado de tormentas y de ocasos
que venga el muelle a tu abrazo
y se olvide de morir (...)

Jarevalo
              
                                                            LA VIRGEN DEL VALLE

Es ya tarde. Recogen su tristeza
los últimos espejos.
Entre dos luces nace tu belleza
quebrada de reflejos.

 Llevan las asas de tu pena henchida
 de brillos maternales
 a la penumbra larga de la vida
dos ángeles iguales.

Tu cristalina soledad se fragua
en ópalos sagrados.
Lloran bajo la sombra azul del agua
parques enamorados.

Ya sólo el horizonte es una franja
de dorada blancura.
Se ha parado el dolor. ¿Ante qué zanja?
¿Hacia qué fuerte altura?

¡Oh misterio del oro entre el ramaje!
¿Dónde anida la espada?
En el temblor naranja del plumaje
hasta el pomo clavada.

¡Qué morado marfil desarticula
el ansia de tus ojos!
Si a la pasión el aire disimula,
Tú alumbras los despojos.

lunes, 10 de septiembre de 2012

Los poemas negros de Juan Sierra


Experimenté todo el agobio de una reclusión en solitario abandono,
que oprimía el pecho pero que enderezaba el alma 
(El esparto) 


       En la elegancia elongada de El Greco en su imponente Entierro del conde Orgaz o en las pinturas más oscuras de Goya, podría situarse el grave dramatismo del escalofrío de la alta madrugada de los poemas de este sevillano. En esa negrura íntima de los fríos mármoles de la Catedral surge toda la seriedad y la hondura herida de la poesía de Juan Sierra. 

    Está considerado uno de los más elevados creadores sevillanos, poeta sublime, perteneció a la Generación del 27 y fue uno de los creadores de la ya conocida revista literaria Mediodía. Escribió y publicó poco pero eso no deteriora su gran identidad creadora. Estos poetas de poca producción suelen ser muy rotundos, de sentimientos más condensados y trascendentes, con un mayor alcance al alma. En verso, María Santísima (1934), Palma y cáliz de Sevilla (1944), Claridad sin fecha (1947), Álamo y cedro (1982). Su prosa se recogió en el libro Sevilla en su cielo (1944).


       En ese peculiar estilo goyesco de Lo sublime terrible el poeta crea una serie de poemas extraordinarios que nos lleva a los extremos de la emoción a través de un canto puro y limpio que se funde con una ciudad que recibe al Cristo del Calvario a su paso por Catedral (en Álamo y cedro). Este poema que os presento junto con “El Gran Poder” (recogido en Palma y cáliz de Sevilla) conforman sus poemas más negros, clavos fríos y precisos al alma del cofrade. 

         El siguiente texto describe el trayecto que recorre el Santísimo Cristo del Calvario desde su entrada hasta su salida de Catedral. Se hace patente ese barroquismo helado que recorre el poema desde el inicio hasta la misma punta de nuestros pies de nieve y de alpargata. 


 EL CRISTO DEL CALVARIO (FRAGMENTO)

 La Catedral vacía. Se regala el silencio 
en los grises pilares de tierra endurecida. 
Ningún aliento roza la quietud lisa y firme 
de esa alcoba de piedra donde Dios vela solo. 

¡Oh clausura de tumba que por la noche sella 
toda una calma gótica de músculo encendido! 
Una brisa ligera de vez en cuando agita
este silencio en polvo flor de cuerpo presente. 

Bajo el peso aromado de la púrpura unida
ha llegado a doblarse una cera que arde. 
Algo aguarda la sombra del hierro subterráneo 
donde yacen los muertos con su fina sonrisa. 

En lo cóncavo y alto suenan golpes terribles 
como lúgubre aviso de martirio lacrado. 
Suenan golpes terribles porque el sueño construye
un ataúd de urgencia sobre la losa fría. 

El cadáver de Cristo penetra en esta augusta 
soledad hecha piedra como un salmo suspenso. 
El aire queda inmóvil. Inmóvil aún al tenue 
y entrelazado silbo de algún piar lejano. 

Llega el Señor cansado de su larga hermosura, 
arrastrando la brisa y el temblor de la noche. 
A sus muslos desnudos la Catedral ofrece 
con figura de lumbre una paz de claveles. 

Colgado de una Cruz llevan este cadáver 
sus hermanos de muerte los hombres deleitosos 
Sólo un forrado y lento rumor de paso altera 
la frialdad que cruza por las naves desiertas. 

El misterio descalza su atmósfera morada 
y ciñe vacilante a la bella escultura. 
Todo muro ante el paso del Calvario establece
 una grave leyenda de marfil y de llamas. 

 La oscuridad labrada se oculta en las capillas 
donde los estandartes manchados de batallas 
con sus telas podridas tiritando de mármol 
se agarran a la aurora desesperante. 

(…)

viernes, 31 de agosto de 2012

El discurso de la mentira



          Así se titula uno de los libros menos conocidos y menos editados del siempre presente Joaquín Romero Murube. Y rescato esta obra de entre los ejemplares adultos de biblioteca en un encuentro fortuito y necesario para el artista. Romero Murube nos ofrece una visión profunda y mística de la ciudad y de su Semana Santa superando siempre el pegajoso concepto pintoresco y aplausible al que se recurre con mucha frecuencia: 

          Sí, hay una Sevilla de pandereta, hay una Sevilla de azulejo. Pero hay otra de sangre, miserías, pasiones y difíciles verdades que es la que está esperando, intacta, que un día llegue el artista que sepa descubrir su belleza peregrina, su hondísima sabiduría. 

          En 1926 Joaquín formó parte junto a otros escritores de la revista literaria Mediodía. Unos autores que ya han venido en alguna ocasión y otros que esperan hacerlo: Collantes de Terán, Rafael Porlán, Juan Sierra, Rafael Laffón, Eduardo Llosent, Manuel Halcón, José María del Rey, Fernando Villalón, Mauricio Bacarisse, Rafael Lasso de la Vega, Adriano del Valle, Manuel Díez Crespo, Antonio Núñez de Herrera... Aun pertenecientes a la Generación del 27, casi todos han sido tachados de los manuales, algunos por sus inclinaciones políticas y casi todos por ser considerados poetas muy localistas. Nada más lejos de la realidad. Mediodía quiso extender por España y por el extranjero el nombre de la ciudad unido a las más novedosas tendencias del arte y la literatura. Proponen una depuración completa, sosegar las formas, acudir a la esencia misma de cada cosa, saber descubrir lo nuevo de cada día en las cosas de toda la vida. Ellos hablan de una constante mutación de la ciudad, de un fluir recóndito que la moviliza, de un reto diario para el artista de descubrir simplemente el alma de las cosas. Chaves Nogales alude: 

          Lo peor de Sevilla es el sevillanismo. Al volver ahora sobre el tema de la ciudad después de unos años de alejamiento, lo que más me desagrada en ella es su exaltación, sobre todo la exaltación literaria. Literariamente Sevilla está demasiado hecha, demasiado trabajada. Dejémosla estar. La única manera de no torcer su sentido será no pretender interpretarlo. No añadirle cosas; dejarla desnuda; cuanto menos literatura mejor. 

Allí donde  florecen tus jóvenes años maternales,
nace mi amor de hijo
que para siempre queda ya

                                                                      Jarevalo
          Nuestras valoraciones morales, nuestros conceptos, nuestros fundamentos los maneja el roteño de una manera muy particular. Y es una forma muy distinta a la del resto de ciudades. Esta singularidad nos convierte también en poseedora de un alma distinta. Y en este punto es donde radica nuestra universalidad. Y está para ser descubierta; ríe y escapa a nuestros sentidos pero te asalta en cualquier sol de agosto; y está en el mismo cielo que respiraron tus abuelos y que también respirarán tus hijos; se deja ver vestido de nazareno mirándose en cada escaparate poniéndose bien el antifaz.

            Este refinamiento de las formas se deja sentir fuertemente en algunos de nuestros artistas roteños, que desvelan las mañanas de las vísperas más gloriosas de todo cuanto esperamos. Y lo captan en una fotografía, en un lienzo, en un verso que viene de vuelta, en una marcha o en una puntada. Artistas que son primaveras ante tendencias caducas y superadas hace décadas y que se siguen utilizando para ofrecer una imagen de la ciudad y de la Pasión amarilla y pesante.  

          Y es que Romero Murube ni decía ni dice mentiras. Comparto un texto fundamental titulado “Por la tarde de marzo” de su libro Sevilla en los labios 

           Hay una luz de día de Semana Santa, igual que hay una luz especial para la mañana del Corpus o para la tarde de difuntos. Es una luz que los sevillanos saben distinguir muy finamente entre la pomposidad cromática de los cielos del mediodía, que la perciben en su avance lento diario, desde el fondo frío del invierno, y que cuando por fin llega Marzo, Abril la colma de esta íntima satisfacción que da la universal esperanza cumplida. Es una luz amarilla, pero un amarillo fugitivo e inestable. No amarillo de oro, duro e irreductible. Amarillo de flor: pétalo, polen, aroma. Una tarde sin horas, entre el esmerilado de las nueves quietas, surge de pronto el sol, un sol muy bajo, de rayos espesos, casi definidos, palpables, que entran a par del suelo por todas las calles que se deshacen en el poniente. La ciudad siente en su entraña aquella múltiple espada de fuego dulce amarillo que le clava desde el cercano e indeciso horizonte, en el cielo incendiado. Los ojos se sienten atraídos por esta estela de lumbre purísima, viva, y mirar al campo, y ven cómo se recorta, contra las nubes de pasión, sobre Sevilla, el calvario infinito del Aljarafe, lleno de las eternas cruces de los olivos. La lluvia ha dejado su alma transparente sobre todas las cosas. En los patios abren sus caras de monjas pálidas las flores de jarro, y las “varitas de San José”, llenan la atmósfera de una profunda dulzura evocadora. Todo está inundado de lumbre amarilla. Por la noche, entre la lluvia y los filos del viento, ¿en la noche o en nuestro recuerdo?, llegan ecos indecisos, vagos, de cometas, sueños, procesiones… Es que ha llegado la luz y el viento de la Semana Santa. Por esta vira de oro de la tarde de marzo, viene Jesús Nazareno.

lunes, 13 de agosto de 2012

Ese viejo nazareno del Silencio

       Ése es Alberto Fernández Bañuls. Un autor extraordinario heredero de la prosa quintaesenciada de la ciudad de Joaquín Romero Murube. 
       En su universo poético, la ciudad perdida de sus años infantiles, el rito de vestirse de nazareno al lado de su padre o el amigo de la familia que lo inscribió en la nómina de su Hermandad haciéndolo así nazareno de Sevilla conviven al unísono con la nueva Semana Santa que viene a renovar al nuevo hombre que viste la túnica ahora al lado de su hijo cumpliéndose de esta forma el rito atemporal: Paseando por la ciudad se asiste al prodigio de encontrarse con la voz de la memoria. 
       Catedrático de Lengua y Literatura, fue fiel colaborador de Diario de Sevilla y publicó, entre otras obras, un ensayo excepcional en el que también nos muestra una visión no tan idealizada de la Semana Mayor, desgranando detalles como si de un fotógrafo de la palabra se tratase: Semana Santa: fiesta y rito de Sevilla. 
       Alberto nunca fue pregonero de la Semana Santa. Ni falta que le hizo. Emociónense con esta prosa limpia y exquisita de este renovador de las viejas formas que heredó de los viejos maestros que compartimos y que nos la ofrece con la visión más moderna de un tiempo que no se olvida por las esquinas de la memoria. Renace su palabra justa y directa a la emoción como el pelícano de la Soledad que se abre el pecho para dar nueva vida.

Domingo de Ramos de 1966


INVOCACIÓN

       Cuando pasas por calles, plazas, en claves de una ciudad que apenas miras porque representa la visión de lo repetido, el camino que no te conduce a ti mismo, derribas las paredes interpuestas, las que separan las que han ido echando para ti los escombros de la vida para poder quedarte, franqueada la última puerta de tu alma, cara a cara otra vez con la ciudad irrepetible, la ciudad recobrada en el prodigioso perfil de la belleza exacta. La que de niño te hicieron andar tus padres y que casi sin quererlo, casi sin saberlo transmitirás a tus hijos y a los hijos de tus hijos como herencia condenada a la vida del recuerdo. Por todo ello, porque es la hora del recuerdo de la vida volverás a invocar los tópicos magistrales, los que, pese a quien pese, florecen cada año en los naranjos oscuros de la plazoleta deTeresa Enríquez, en las buganvillas de la Casa de Pilatos, en la cal nueva de las fachadas de San Julián, del Tiro de Línea, de la Macarena, en las brisas azules, escondidas tanto invierno, tras las lomas gastadas del Aljarafe, en la ilusión nunca cumplida de la primavera inmortal de Sevilla. 
       Y todo ello será de nuevo la razón suficiente de nuestra vida, la tranquilidad sosegada de comprobar que las cosas siguen en su sitio. La afirmación de nuestra memoria antigua al descubrir el jubiloso revuelo de una capa blanca doblando la esquina presurosa de tu sangre. El alto perfil de un nazareno de cola perdido en la lejanía de unas calles cuyos nombres conforman el centro del mundo: Doña María Coronel, Alcazares, Gerona. 
       Y sabrás en lo más profundo de tu corazón que ha llegado la consumación de los tiempos porque el tiempo se ha detenido para ser especial espectador de su propia muerte y su propia resurrección. Más tarde, cuando vuelvas a tu casa cansado (…) te acostarás vencido por el día de la magia verdadera, mirarás el reloj que fijó en tu alma tus padres, tus abuelos y dirás con el íntimo convencimiento de saberte el único dueño de los tiempos: "Ahora, irá la Amargura por Sor Ángela".

miércoles, 30 de mayo de 2012

La luz detenida de Romero Murube

Noble arte es la Literatura que te permite conversar con aquellos autores que se quedaron para siempre en las esquinas de la ciudad simplemente acudiendo a su obra. Como si siempre estuviese en deuda con nosotros, nos regala la inmortalidad dentro de lo precario que da lo humano. Romero Murube es un autor de tardes de dunas y soles rojos, inagotable maestro con el que compartir un tiempo perecedero ya únicamente para mí. Es de grave importancia tomar café de vez en cuando con Joaquín. 

Hombre elegante en su prosa y en su verso, su obra es quedarse en la luz de un tiempo detenido en las infancias y en los colores, en el tiempo del hombre sin conciencia de lo perdurable, ajeno a relojes y a mañanas. Pero también es detenerse en las horas angostas del hombre que busca ocasos blancos y sueña con lo que siempre ocurre en la madrugá

El Gran Poder llega a su puerta. Ha desaparecido ese público de un valor mitológico que, como un monstruo, macizó de espanto y silencio el momento terrible de la salida; ahora son caras mañaneras, humildes: mozas de velo y ancianas de peina baja y velito de ternura. Ahora no hay silencio en la plaza; hay un rumor maravilloso, un canto suave que hermana con el ruido de las hojas de los árboles. Es la madre que reza, es la mujer que reza, es el niño que reza. 

... son los favoritos de esta Luz,
que tienen una infancia de liños derretidos
 y después es azul absoluto.
(Jarevalo)

Poeta, ensayista y articulista, cuando aborda la temática sacra se inclina por la prosa pero otorgándole los atributos de la lírica. Lo más importante de su obra es la capacidad de fundirse poeta y ciudad en perfecta armonía, acudiendo a una visión quintaesenciada de su Semana Santa: Sevilla es algo más que una decoración, que un muro con flores. 

 Hay tal riqueza sentimental en nuestra Semana Santa que difícilmente puede lograrse la conjunción de todas sus emociones en una sola sensibilidad. Aun sevillanos somos un poco forasteros de toda aquella hermandad que no sea la nuestra. Lo más que puede alcanzarse es la sensación aproximada, furtiva e incierta de la mayoría de ellas. Cada cofradía tiene su misterio eterno, absoluto, ligado a la luz, a la vida, al aire y al sentimiento de su barrio, de su calle, de su cielo. Y hay por ello tantas sensaciones absolutas y distintas como calles tiene Sevilla. 

 El Pregón de Romero Murube, pronunciado el 19 de marzo de 1944 en el Teatro San Fernando, es una pieza literaria magistral.

lunes, 7 de mayo de 2012

Un atril sin tiempo

     Ese domingo 11 de marzo, en el desaparecido y sevillanísimo teatro San Fernando, se pronunció uno de los mejores pregones de la historia. El año 1956 asistió afortunado al pregón de don Antonio Rodríguez Buzón. Ese domingo, los que asistieron al acto apretaban sus manos a los asientos y sentían con incrédula emoción que aquello que estaban oyendo, aquello que era capaz de contagiar la emoción a todo un auditorio sentaba cátedra y convertía el pregón en un texto literario muy serio. 

        Esa mañana, Rodríguez Buzón (1913-1977) introducía la forma lírica del poema como principal elemento de expresión, sucediéndose la prosa y el verso. Hasta la fecha era la prosa la forma más utilizada por los pregoneros, incluso Celestino Fernández Ortiz, un año antes (1955), no hace uso del poema en todo el texto. Francisco Montero Galvache, otro de los grandes maestros, fue el primero que se atrevió a continuar en la línea de Buzón, pero esto no volvió a suceder hasta 1959.

       Además, el poeta de Osuna era un extraordinario orador, declamando con una absoluta claridad y control del tiempo y del ritmo las décimas, sonetos y romances que abundaron su texto. En su poesía muestra un absoluto dominio de la métrica y se decanta por un verso sonoro que se trata de forma original aunque inspirado en la más antigua tradición. 

      Otro elemento fundamental es el uso que hace del paralelismo como recurso para estructurar el poema: Pero como Tú ninguna o el dedicado al Santísimo Cristo del Amor (poema publicado con anterioridad). 

Ni la ráfaga de luz 
con su tacto de azahar,
ni el suspiro del naranjo 
cuando vayas a llamar. 

Ni el clavel en la ventana 
ni el geranio del balcón, 
ni el cuchilla de la noche 
ni el reflejo del farol. 

 Azulejo ubicado en Caballerizas que refleja el poema en el que Rodríguez Buzón inmortalizó en su pregón el paso de la Virgen de Gracia y Esperanza de la hermandad de San Roque por esta calle. 

     A partir de esa mañana, el tiempo tiene reservado un atril sin manillas que no desgasta ni a los días ni a las pasiones y que se queda demasiado vacío cuando se bajan los maestros pregoneros. 

domingo, 15 de enero de 2012

El farol de Antonio Burgos

       Antonio Burgos es de esos escritores controvertidos fiel a su palabra y a su pensamiento. Literariamente hablando, se le quiere o se le detesta. Yo lo quiero. Y entre mis más queridos artículos cofrades destaco "Farol de cruz de guía", texto esencial de la literatura cofrade, que fue galardonado con el premio "Romero Murube". Este es de esos textos que siguen emocionando una vez leído mil veces y elevado su autor a esa pequeña nómina de escritores de temática cofrade cuya voz traspasa las madrugadas del tiempo.

Cruz de guía de Ntro Padre Jesús Cautivo (1961)

En esta madrugada de siglos de concordia, antes que los vencejos vengan quebrando albores de capirotes verdes de terciopelo antiguo, aún no sé por qué Arco o esquina de mi barrio, antes que la zancada del paso racheado le dé un andar de Hombre al que todo lo puede, antes de que la noche se mire en un espejo de negros capirotes y ceras de tinieblas, vendrán rompiendo el tiempo con esa cruz de guía dos faroles sin fecha que me sé de memoria: su cristal, el reflejo del pabilo que arde, el vástago tallado, la contera de goma, la orla que corona ese sol apresado con reflejos de luna y las gotas de cera que lloran mi tristeza y empañan los recuerdos. Esta noche, maestro, su farol en la calle, dirán los aprendices que llegaron de seises a saber de tu oficio de aguja y jaboncillo. Eras joven, tenías un taller de alfayate y un amor de oficiala que te enhebró su vida. Te llamaban maestro, lo eras de tu gremio y también de la vida, de llamarle Sevilla al gozo y la alegría de tu puro en los toros. Maestro ahora te digo: tú también me enseñaste a cortar delanteros para estrenar el traje al que llamamos vida, en el que cada día es Domingo de Ramos del mundo por delante. Esta noche, maestro, tu farol en la calle. Lo lleva el nazareno que sale a San Lorenzo cuando suena en la torre la hora señalada. Le da luz al dorado que moldea los signos de tormento y Calvario en esa cruz de guía: la escalera, el hisopo del vinagre y la burla, las tenazas, los clavos... Recuerdo que decías, con tu gracia de barrio, corral y calle Feria, el tinto, los amigos, mostrador de Morales: "Salgo de nazareno junto a una cruz de guía que es el escaparate de El Tornillo o La Llave". Yo sé por qué salías, tu farol en la mano, como antes el cirio del tramo del Senatus, hasta alcanzar la gloria de pareja nombrada o un primor de plateros en un altar de insignias. Perdona que revele la promesa que hiciste, cuando yo me moría y fuiste a San Lorenzo a pedirle al Cisquero, al que todo lo puede, que aún no me llevara y hoy pudiera escribirte. Por eso cada noche que de casa salías con la túnica negra y el largo capirote, el camino más corto para tus pies descalzos era el largo camino de dudas que ahora piso. En esta madrugada yo sé que voy a verte, maestro, nazareno de promesa, descalzo. Esta noche presiento que voy a ver tu mano llevando luz sin tiempo junto a una cruz de guía. En estos capirotes de ruán y de tiniebla vuelven en esta noche nazarenos ya idos; se ponen el esparto como tú lo llevabas, y en la mano esa plata de Seco o Marmolejo, o quizá ya otra plata, pero la misma mano. Esa mano visueña que la reconocía en cada madrugada por el signo indeleble del callo del trabajo de alfayate y tijera. Calla, calla, ya vienen. Castelar está a oscuras. La Puerta que cruzaste tantas tardes de toros se ilumina de cera, Arenal en silencio. Si Mar es esta calle, es mar de capirotes. Y ahora doblan la esquina de botica y quincalla, que les va abriendo paso aquella cruz de guía. Y vienen los faroles. El tuyo lo conozco. No conozco otra cosa que la luz de su plata, en esta madrugada que es la misma de entonces. La mano que lo lleva es tu mano, que has vuelto. Yo sé que no te fuiste una noche de junio que San Pedro lloraba en cornetas de lágrimas. Sé que sencillamente ibas a San Lorenzo a sacar para siempre papeleta de sitio para darle las gracias en persona al Cisquero, en esa cortesía con que aún te recuerdan, ay, maestro alfayate que me diste la vida. Perdona que no mire tu farol cuando pase. Sé que vas a decirme adiós con esa mano de callo y de tijera con que llevas la plata de la luz de Sevilla, farol de cruz de guía.

sábado, 24 de diciembre de 2011

Discurso de las cofradías de Sevilla

Así se titula una de las obras fundamentales de toda la literatura de temática cofrade. Su autor es el ya presentado Rafael Laffón y fue publicado en 1941. Perteneciente a la Generación poética del 27, Laffón fue uno de sus más destacados precursores llegando ser uno de los fundadores de la revista Mediodía. Considero que fue un gran poeta aunque su prosa poética es de las más interesantes de toda esta generación. Os dejo el audio de un programa editado por "Diario de Sevilla", donde se recogían muchos textos de los más importantes autores de Sevilla.

 

jueves, 22 de diciembre de 2011

Laffón

Rafael Laffón es otro de esos grandes poetas cofrades contemporáneos que no aparecen en los libros de texto. Tras una etapa modernista y otra vanguardista, su obra adquiere el sentido que más le caracteriza: la temática tradicional se hace patente en textos donde el autor expresa su gran devoción a Sevilla y a su Semana Santa.

Destaco este texto en prosa poética donde el lirismo y el barroquismo laffoniano lo convierten en uno de mis favoritos. Se titula “ Indagación y presagios”

Mietras nos asomamos a luna que se pasea, adolescente perpetua, por los cielos ganamos (Jarevalo)

Cuando los naranjos tienen su primera efusión en las noches dulces y una brisa menor lleva y propaga hipótesis indecisas sobre la flor de azahar asoma, por fin, a la eminencia profunda del cielo de Sevilla la gran luna infalible de la Semana Mayor. Luna es ésta, henchida como un vientre, que luego gravitará absorta en las llanas azoteas, densa y pesante, bajo los destinos del genio arrebatado de los profetas  y la Ley.  Los ojos anhelantes escrutaron por muchos días en los caminos del cielo todos los designios astrales que han de traer a Sevilla su tiempo solemne y deslumbrado. Mientras yerran las madrugadas del invierno más aterido, las sombras transfugas de nuestros sueños llegan a cobijarse, incohorentes, a la puerta de un templo recóndito y lejano que otra noche, término irremediable, cerró sus hojas lentas sobre las luminarias penitenciales de nuestra gran Liturgia. Así es la espera, el año y cada día, profunda de latido, entrañada del sordo fuego del ansia y la reserva sumergidas en tan larga víspera. Tras la Giralda, vigilia nuestra cierta, sobre la masa abrupta de la Catedral erizada de agujas monstruosas, las místicas espigas, asoma el primer filo de esta luna que ha de inundar la noche sagrada del Parasceve. Es ahora cuando los mayordomos y priostes de la cofradía se miran con la unánime convicción de los días augurales. Y hay en el ámbito de las vastas salas capitulares, llenas de la humedad de la cripta inminente, un aura entre verde y dorada del naranjo tras el cristal.

martes, 20 de diciembre de 2011

Pascual

Pascual, lejos de atriles reglamentarios, alza su voz al cielo de Sevilla y se convierte ahora mismo en pregonero de su Semana Santa.


martes, 13 de diciembre de 2011

Parece que es la hora...

Parece que es la hora de proclamar a los cuatro puntos de las veletas de la ciudad que este fragmento del pregón de García Barbeito es uno de los mejores textos cofrades compuestos hasta la fecha. Yo destacaría la fuerza y la superposición de las imágenes, un intimismo rebosante que se reduce en metáfora  y una prosa poética a ras de tierra. Disfruten cofrades.


domingo, 11 de diciembre de 2011

Florencio Quintero, entre la Piedad y la Caridad baratillera.


Florencio Quintero nació en junio de 1914 en la sevillanísima calle Adriano, en pleno barrio del Arenal, circunstancia ésta que determina su poesía durante toda su vida. De su obra no sólo deberíamos destacar la de género lírico cofrade sino que cultivó otros temas, quizás algo tópicos, pero con gran maestría e incluso valentía en algunos versos.
Cofrade hasta la médula, su amor por la Semana Santa y por la Literatura lo arrastra a fundar la revista cofrade Piedad hacia mediados de los años 50. Exaltador, pregonero, presentador en innumerables ocasiones y fundador de la institución literaria “Noches del Baratillo”.
La poesía cofrade de Florencio está salpicada por los movimientos de vanguardia de la época (ultraísmo o creacionismo), concentrando todo su universo poético cofrade en la metáfora como elemento primordial de la lírica (La Piedad lleva en las sienes / porrazos de cien martillos. / La Caridad, en sus manos, / la granazón de los trigos. ) Es también muy interesante de este poeta la originalidad y el antiromanticismo que demuestran algunos de sus versos. Utiliza unas imágenes realmente valientes para la época: Sueño con espinas verdes, / con seres indefinibles, / con ángeles que fallecen, / con uñas que me amenazan, con rosas blancas que mueren.
Esta originalidad se mezcla con formas métricas tradicionales (romances, décimas o sonetos) junto con paralelismos, símiles o antítesis que sirven para reforzar la imagen, la idea.
Os dejo otro de mis poemas de cabecera:

            Quintero, al igual que Montesinos, nunca tuvo el honor de subir al atril de pregonero del San Fernando o del Lope de Vega.